Entre mas me alejo, mas redondo me parece el mundo.
Lo que me gustaría es que dejaras de gritar plegarias, si usas tu fuerza es mejor.
Continúo la precipiación hacia vos, de nueva cuenta.
Por eso lloro, aunque no lo veas.
Casi terminaba, casi me desarrollaba, casi.
Un día choque, presisamente, choqué contigo.
Y el impacto aún me impulsa.
Eternidad instantánea.
viernes, 13 de septiembre de 2013
viernes, 12 de agosto de 2011
Mas vivo, el desierto.
Se que aún no logras percibir vida en mi ser. Que el sol me hace parecer reseco y en las noches te parezco frío como cadáver, que abrazas una mata de zacate. Que mi tacto te parece de nopal, incluso mis labios te dejan gusto de tuna. Que como desierto y que transpiro arena, que el alma se me cubrió de espinas y mis ojos te parecen las últimas dos gotas del rocío de la mañana.
¿Es acaso que no notas mi escencia de liebre y mi espíritu cimarrón? ¿Mi voluntad de tortuga? ¿No te dicen algo los insectos en mi vientre? Sabes que mis neuronas son nidos para toda clase de rapaces aves. Además los lagartos me dan vida con su recorrerme diario. Tengo un escorpión en medio del pecho y una serpiente anida entre mis piernas.
¿Es acaso que no notas mi escencia de liebre y mi espíritu cimarrón? ¿Mi voluntad de tortuga? ¿No te dicen algo los insectos en mi vientre? Sabes que mis neuronas son nidos para toda clase de rapaces aves. Además los lagartos me dan vida con su recorrerme diario. Tengo un escorpión en medio del pecho y una serpiente anida entre mis piernas.
sábado, 30 de abril de 2011
No fumes en la cama.
De mi cadáver, entre las uñas hallaron ceniza de fumador pasivo y lo que acaricié de tu pelo.
jueves, 17 de marzo de 2011
Idilio de la isla y el agua.
Terriblemente enamorada, la Tierra se estremeció en su punto mas ardiente. Y lanzó sus brazos sobre su esbelto enamorado, brazos de agua que inundaron un instante las riberas de su cuerpo y dejaron las marcas de un amor de cientos de años. Su corazón atómico explotó al sentir tanto calor, calor desatado por el agua, agua desatada por amor.
jueves, 17 de febrero de 2011
martes, 18 de enero de 2011
No tengo alas
Yo también me precipito y trueno y me oscurezco. Rasgo el ocaso y soy el invierno en mi nueva isla
lunes, 20 de diciembre de 2010
La Calle de La Paz.
Tal vez les interese saber que viví muchos años en La Calle de La Paz, pero lo más probable es que no.
Como a los que no les interesa ya debieron abandonar la lectura, continuaré con la idea.
Hace ya tiempo que no radico en tal calle, pero al haber sido los años de mi infancia, los primeros de ella, los de la llamada inocencia, tengo muy presente el sonido de tan melódica dirección.
Eran años donde la paz mundial era la onda, el fin de la Guerra Fría, por lo tanto era privilegiado que vivieras en La Calle de La Paz. Se respiraban otros aires, aunque el IMECA no dejaba de ser noticia de todos los días. Eso también era distinto, la calidad del aire aún causaba alarma e interés. Y vivíamos el primer mundo, bueno algunos si, pero la alegría de Cantarell y el TLC se compartía con el populacho. Y aunque La Calle de La Paz se ubicaba en una de las colonias mas paupérrimas e inconformes de la cuidad era una verdadera calle de paz.
Físicamente, es una calle amplia, bueno mas amplia que las de ahora y no muy larga, pero los vecinos han sido los mismos por años y ya tiene su segunda generación de ellos, pocos emigramos de ella, y yo creo que todos con cierta objeción de hacerlo. También las casas han cambiado muy poco solo un par de ellas han crecido. Los más pobres siguen siendo los más pobres, pero siguen, en una colonia ya no tan humilde como antes. Ahora un poco mas famosa por sus movilizaciones. Pues vecino de La Calle de La Paz o no, en la colonia también había bastante gente muy agresiva.
Casi siempre que anduve por su asfalto, lo hice acompañado de mi madre, o de algún familiar, debido a que me tenían confinado a las cuatro paredes que formaban mi casa porque mi madre era muy temerosa de perdernos y además, consideraba al mundo muy peligroso para los niños. Así que mis recuerdos se basan bastante en la contemplación de ella, cosa que me permite notar aún pequeños detalles en sus cambios cuando la visito ahora. Incluso puedo ubicar, en una de sus cuatro esquinas, el sitio exacto donde yacen los restos del perro que fue compañero de la infancia de mi madre, un ser al que ella le ha tenido uno de los amores más puros. Uno de mis mas claros recuerdos es cuando, por error, salí a mi calle sin la compañía de un adulto, pero no iba solo, estaba en la compañía de el mayor de mis primos, y nunca salimos de su área, únicamente fuimos hasta una papelería que se ubicaba en la misma calle, en La Calle de La Paz. Eso no evitó que me esperara una tremenda represalia cuando volví al domicilio del número trece.
El número exterior, el trece, también era un rasgo muy característico mío. No solo fue entonces mi número preferido, pues en todas las circusntacias se hacia presente, también me parecía un número poderoso, creía que hechos importantes estaban relacionados con este número. No me parece que haga falta prolongar este texto con detalles ya conocidos sobre el número 13, pero debo aclarar que no me interesa la cábala así que no lo considero cabalístico.
Ahora, mi dirección física es otra, pero conservo parte de mi persona que vive aún en La Calle de La Paz. Y hasta tengo dirección electrónica, pero de hecho, también tengo un sin número de direcciones virtuales, tantas como los lugares que he habitado. Pero La Calle de La Paz está en un plano virtual mas etéreo que las otras. Por eso cuando el servidor pregunta por la dirección del blog, me pareció muy válido Calle de la Paz No. 13 como dirección virtual. Tan virtual que esa vieja calle ya ni siquiera lleva ese nombre.
Como a los que no les interesa ya debieron abandonar la lectura, continuaré con la idea.
Hace ya tiempo que no radico en tal calle, pero al haber sido los años de mi infancia, los primeros de ella, los de la llamada inocencia, tengo muy presente el sonido de tan melódica dirección.
Eran años donde la paz mundial era la onda, el fin de la Guerra Fría, por lo tanto era privilegiado que vivieras en La Calle de La Paz. Se respiraban otros aires, aunque el IMECA no dejaba de ser noticia de todos los días. Eso también era distinto, la calidad del aire aún causaba alarma e interés. Y vivíamos el primer mundo, bueno algunos si, pero la alegría de Cantarell y el TLC se compartía con el populacho. Y aunque La Calle de La Paz se ubicaba en una de las colonias mas paupérrimas e inconformes de la cuidad era una verdadera calle de paz.
Físicamente, es una calle amplia, bueno mas amplia que las de ahora y no muy larga, pero los vecinos han sido los mismos por años y ya tiene su segunda generación de ellos, pocos emigramos de ella, y yo creo que todos con cierta objeción de hacerlo. También las casas han cambiado muy poco solo un par de ellas han crecido. Los más pobres siguen siendo los más pobres, pero siguen, en una colonia ya no tan humilde como antes. Ahora un poco mas famosa por sus movilizaciones. Pues vecino de La Calle de La Paz o no, en la colonia también había bastante gente muy agresiva.
Casi siempre que anduve por su asfalto, lo hice acompañado de mi madre, o de algún familiar, debido a que me tenían confinado a las cuatro paredes que formaban mi casa porque mi madre era muy temerosa de perdernos y además, consideraba al mundo muy peligroso para los niños. Así que mis recuerdos se basan bastante en la contemplación de ella, cosa que me permite notar aún pequeños detalles en sus cambios cuando la visito ahora. Incluso puedo ubicar, en una de sus cuatro esquinas, el sitio exacto donde yacen los restos del perro que fue compañero de la infancia de mi madre, un ser al que ella le ha tenido uno de los amores más puros. Uno de mis mas claros recuerdos es cuando, por error, salí a mi calle sin la compañía de un adulto, pero no iba solo, estaba en la compañía de el mayor de mis primos, y nunca salimos de su área, únicamente fuimos hasta una papelería que se ubicaba en la misma calle, en La Calle de La Paz. Eso no evitó que me esperara una tremenda represalia cuando volví al domicilio del número trece.
El número exterior, el trece, también era un rasgo muy característico mío. No solo fue entonces mi número preferido, pues en todas las circusntacias se hacia presente, también me parecía un número poderoso, creía que hechos importantes estaban relacionados con este número. No me parece que haga falta prolongar este texto con detalles ya conocidos sobre el número 13, pero debo aclarar que no me interesa la cábala así que no lo considero cabalístico.
Ahora, mi dirección física es otra, pero conservo parte de mi persona que vive aún en La Calle de La Paz. Y hasta tengo dirección electrónica, pero de hecho, también tengo un sin número de direcciones virtuales, tantas como los lugares que he habitado. Pero La Calle de La Paz está en un plano virtual mas etéreo que las otras. Por eso cuando el servidor pregunta por la dirección del blog, me pareció muy válido Calle de la Paz No. 13 como dirección virtual. Tan virtual que esa vieja calle ya ni siquiera lleva ese nombre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)